Ya son 11 años que Juana Pacherres dejó su trabajo de clasificar pescado en el puerto de Paita (Perú) para llegar a Ecuador. Ese día lo recuerda: “Un hermano dijo que podía irme mejor vendiendo ropa en Ecuador. Invertí 100 soles en prendas y me vine con mi hijo José Luis, de 8 años”.Allá dejó a sus otras cuatro hijas, en el barrio Esteban Pavletich, en el Distrito de Sullana. Su destino en Ecuador fue Catamayo, a 35 kilómetros de Loja. Unos parientes que llegaron antes le dieron posada, pero sin comodidades. “Dormía en unos cartones y en el día recorría los barrios vendiendo la ropa. Me fue bien, por eso decidí volver con más ropa”.
Entre idas y retornos de Perú trajo a sus hijas y además sus pertenencias. Han pasado 10 años desde aquello. Ahora, Catamayo es su residencia porque su clima es similar a la costa peruana. Juana Pacherres tiene ahora 65 años y cuatro de sus cinco hijos ya se casaron allí y trabajan como empleados y como comerciantes. Ella dejó la venta de ropa desde que la dolarización en Ecuador aumentó la oferta de peruanos. Ahora obtiene ingresos lavando y planchando ropa. Gana USD 1,50 por cada docena lavada.
“Ya no pienso volver. Aquí estoy mejor, gano hasta USD 6 en el día y allá unos USD 10 por mes”, pero se lamenta al recordar a sus vecinas y familiares que siguen afrontando miserias. Por eso ella ayudó para que una sobrina y su esposo lleguen al país. “Están trabajando y sus patrones les ayudan para que sus hijas se eduquen”.
Pero, en Ecuador, en calidad de indocumentados, los ciudadanos tienen dificultades para mantenerse firmes en un trabajo o tranquilos sin el temor de que en cualquier momento tuvieran que enfrentar a la Policía de Migración.
A Catamayo la mayoría de peruanos llega por trabajo. La regularización les preocupa y en mayo pasado se organizaron y crearon la Asociación de Peruanos Residentes en Catamayo. A través de esta organización buscan regularizar su estancia en Ecuador y mantener vivo su espíritu de peruanidad con actos culturales y sociales.
Para eso realizan reuniones permanentes entre compatriotas. Se juntan en las casas de alguno de ellos para planificar qué actos culturales pueden realizar para que los conozcan en la zona. Así también se informan sobre la situación de su país o simplemente para compartir sus experiencias.
Luis Estrada, presidente, destaca el respaldo del Consulado de Perú en Loja y de la Pastoral Social de Loja. Uno de sus primeros impulsores fue el sacerdote peruano Tomás Pareja que hasta hace dos meses era párroco en la parroquia San José, en Catamayo.La cónsul de Perú en Loja, María Elvira Velásquez, resalta como positiva esta iniciativa de organización, por eso les apoya desde su gestión. “Es un esfuerzo solidario en busca de lograr la regularización y nosotros les apoyamos”. A través del Consulado, los peruanos tramitan sus documentos como el pasaporte y el DNI.Mientras tanto, el objetivo de Velásquez desde el ámbito diplomático es lograr que se perfeccione el estatuto migratorio y facilitar la regularización de sus compatriotas que por motivos de trabajo se encuentran en Ecuador.
En la actualidad, con el Acuerdo de Regularización Binacional se ha logrado documentar a unos 2 300 peruanos en el Austro. Para poner este derecho al alcance de los peruanos radicados en Catamayo, Movilidad Humana de la Pastoral Social de Loja también sumó su esfuerzo. Duvia Matailo, responsable del Programa, cuenta que con la organización ha logrado generar confianza para que acudan a las autoridades a regularizar su estancia en Ecuador. “Al inicio eran muy renuentes. Pero ahora vienen a nosotros”.
NOTA PUBLICADA EN EL DIARIO EL COMERCIO DE QUITO EN LA EDICIÓN DE VIERNES 09 DE OCTUBRE DE 2009


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